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miércoles, 3 de octubre de 2012

La gran estafa: el Presupuesto de 2013

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 30 de septiembre de 2012

Este artículo analiza el contexto político que configura una serie de hechos, incluyendo la preparación del presupuesto 2013 propuesto por el gobierno del Partido Popular, acentuando el papel de las fuerzas financieras, económicas y políticas que han determinado su contenido.

Estos últimos días de septiembre ocurrieron cuatro hechos que definen con toda claridad la raíz del problema al que España se enfrenta. Uno fue la presentación del presupuesto por parte del Gobierno español en el que se indica que el Estado tendrá que pagar casi 40.000 millones de euros a los acreedores (la mayoría bancos extranjeros y españoles) para cubrir lo que se les debe como consecuencia de tener que abonarles los intereses de la deuda pública española que poseen. Esta elevada cantidad se debe a los altos intereses de tal deuda, consecuencia, en gran parte, no de la especulación de los mercados financieros –como constante y erróneamente se asume en los medios donde la sabiduría convencional se reproduce– sino de la oposición del Banco Central Europeo a comprar deuda pública en los mercados primarios, es decir, directamente al Estado español, como hace cualquier Banco Central digno de su nombre (tal como el Federal Reserve Board de EEUU, el Banco de Inglaterra en Gran Bretaña o el Banco de Japón). Los máximos beneficiarios de estos pagos del Estado a los acreedores son los bancos españoles y europeos (entre los cuales sobresalen los alemanes que tienen una excesiva dimensión, influencia y protagonismo en las instituciones de la Eurozona) que recibieron prestado dinero del mismo BCE a unos intereses por debajo de un 1%, con el cual compraron deuda pública española a unos intereses del 6% y el 7%. Un negocio redondo para tales instituciones financieras, que consiguieron gracias a la ayuda del BCE, que no es un banco central sino un lobby de la banca y muy en especial de la banca alemana. A aquellos que consideren el término lobby una exageración les aconsejo que lean, no ya las actas del BCE (que son secretas) sino las publicaciones de tal institución. Y verán si dicho término es o no adecuado para definir el BCE, el mayor promotor hoy en la Eurozona de las políticas de austeridad (austeridad, por cierto, que no aplica a su propio comportamiento, pues acaba de estrenar una sede exuberante en Frankfurt que ha costado seis veces más de lo inicialmente calculado y que albergará a los funcionarios mejor pagados del establishment público europeo). En tales boletines, la defensa de los intereses de la banca es central en la percepción de lo que el BCE considera ser su función. Tal defensa se viste con el traje de que “su misión es controlar la inflación”. En esta defensa de sus intereses, irán a extremos que van desde desmantelar la Seguridad Social en España, hasta recuperar la semana laboral de seis días. Es, como bien dice Noam Chomsky, la lucha de clases unilateral de una minoría –la banca– en contra de todos los demás.

El poder de la banca: el endeudamiento de España

Esta deuda, sin embargo, está basada, en parte, en la enorme influencia de la banca no solo sobre el BCE sino también sobre el Estado español. Hoy, la influencia de la banca sobre la sociedad española rebasa cualquier límite tolerable en un sistema democrático. Todos –desde los partidos políticos, a la prensa, las empresas y las familias– están enormemente endeudados con la banca. La actitud tan poco crítica de los medios de información hacia el comportamiento de la banca y su dominio de la vida política y mediática del país se basa precisamente en este hecho. En lugar de denunciar esta relación obvia entre las instituciones financieras y las instituciones políticas, los medios de mayor difusión y los partidos mayoritarios atribuyen el endeudamiento al comportamiento supuestamente irresponsable de las familias, de las pequeñas y medianas empresas (las grandes tienen ya más dinero de lo que necesitan para invertir) y del Estado. Es lo que se llama en inglés, el “victim blaming”, es decir responsabilizar a la víctima de su propia tragedia.

En tal argumentación se ignoran y/u ocultan varios hechos. El endeudamiento de las familias se debe a la disminución de su capacidad adquisitiva, resultado del descenso de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta total del país, descenso que ha sido mucho más acentuado durante los últimos años debido a las reformas laborales y a la disminución salarial que tales reformas intentaron y alcanzaron exitosamente.

El endeudamiento de las medianas y pequeñas empresas se debe, en parte, al descenso de la demanda de sus productos y servicios, consecuencia de la disminución de la capacidad adquisitiva de las clases populares y también a la gran carestía del crédito, resultado de la desviación de la actividad crediticia de la banca hacia actividades especulativas más rentables como las inversiones inmobiliarias, habiéndose establecido el maridaje banca-sector inmobiliario que llevó al desastre.

El endeudamiento del estado se debe a las políticas fiscales regresivas que han beneficiado sistemáticamente a las rentas del capital y a las rentas superiores a costa de las rentas del trabajo. Esta regresividad explica la gran pobreza del estado (los ingresos al estado español son los más bajos de la UE-15, un 31% del PIB, comparado con un 44% en el promedio de la UE-15 y un 54% en Suecia). Y este problema se acentuó todavía más mediante las reformas fiscales regresivas aprobadas en el momento de expansión económica (estimulada por la burbuja inmobiliaria). Así, como resultado de la reforma tributaria del 2006, el estado dejó de recoger en 2008 19.600 millones de euros (según los datos del Servicio de Estudios y Estadísticas Fiscales del Ministerio de Economía y Finanzas). Los impuestos sobre el capital descendieron un 39% y los de las rentas superiores un 11%.

España no se hubiera endeudado tanto si hubiera tenido un sistema tributario más justo y más avanzado. La bajada de impuestos explica que el estado tuviera que pedir prestado a los bancos para cubrir el agujero creado en sus arcas precisamente como consecuencia de la bajada de impuestos a las rentas del capital y rentas superiores. Como resultado de esta situación, el estado, además de bajarles los impuestos a los súper ricos, ahora les paga unos intereses muy altos, a través de los bancos, por los bonos que han comprado con el dinero conseguido en los recortes de impuestos. Otro negocio más que redondo, para el beneficio primordialmente de lo que se llamaba burguesía financiera y los súper ricos.

Pero esta enorme necesidad de endeudamiento fue una gran golosina, no sólo para la banca española sino también para la banca europea y, muy en especial, la banca alemana. De ahí que la banca alemana tenga hoy casi 200.000 millones de euros prestados en el territorio español, tanto en deuda pública como privada. Y está hoy muy preocupada pues el estallido de la burbuja inmobiliaria (a la que contribuyó en gran medida a que se inflara) puede arrasar toda la banca, incluida la alemana.

El llamado rescate al sistema bancario

Lo cual me lleva al segundo hecho acaecido el 28 de septiembre. La decisión del gobierno español de pedir el rescate a la banca, mediante el préstamo de 40.000 millones de euros (casi la misma cifra que el estado español tendrá que pagar a la banca por la deuda), para asegurarse lo que se llama “la viabilidad del sistema bancario español”, a lo que tendría que haberse añadido “y de la banca alemana”. Es decir que el estado pide dinero (que tendrá que devolver el propio estado, pagado por el ciudadano español) a las autoridades de la eurozona, donde la banca alemana es muy influyente, para ayudar a la banca, asegurándose así que no quiebre y que se pague a la banca alemana (entre otras). Como bien dijo el asesor económico al gobierno alemán, el Sr. Peter Bofinger, en su comentario sobre la aprobación de 100.000 millones de euros para el rescate a la banca española “Esta ayuda no es a estos países en problemas (como España) sino a nuestros propios bancos que poseen una gran cantidad de deuda privada en estos países”.

Las condiciones leoninas del rescate: el presupuesto del Estado

Este rescate se hace en condiciones leoninas que tendrán que pagar las clases populares a base de enormes sacrificios y recortes, incluidos los recortes que recoge el presupuesto propuesto por el gobierno el día 27 de septiembre, el tercer hecho digno de mención. La falta de medidas de protección de la capacidad adquisitiva de los pensionistas y de los desempleados es un ejemplo más de la insensibilidad social del presupuesto que aparece con toda intensidad en los recortes de gasto público social y disminución muy notable de la protección social. Su brutalidad queda demostrada en que incluso la Troika indicó que las medidas tomadas por el gobierno iban incluso más allá de lo que la propia Troika les exigía. El gobierno español ha sido siempre el alumno aventajado del establishment neoliberal que domina las estructuras de la gobernanza de la eurozona.

Y todas estas políticas se presentan como las únicas posibles, negando y ocultando la evidencia fácilmente accesible de que sí las hay. El BCE podría actuar, por ejemplo, como un banco central, con el objetivo de estimular la economía y no sólo controlar la inflación. El estado español podría haber tenido ya en anteriores presupuestos y en los actuales una política fiscal mucho más progresiva, de manera que en lugar de recortar las pensiones (para conseguir 1.200 millones de euros) podría haber mantenido el impuesto de patrimonio (consiguiendo 2.100 millones) o anulado la bajada del impuesto de sucesiones (consiguiendo 2.552 millones) o anulado la bajada de impuestos a las personas que ingresen más de 120.000 euros al año (consiguiendo 2.500 millones). O en lugar de recortar 6.000 millones en sanidad, podrían haber anulado la bajada del impuesto de sociedades de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (y que representan sólo el 0,12% de todas las empresas), consiguiendo con ello 5.300 millones.

O en lugar de recortar 200 millones a los servicios de atención a las personas con dependencias, podrían haber eliminado el subsidio del estado a la Iglesia Católica para que enseñe religión católica en las escuelas públicas del estado. Y así una larga, larga lista mostrando que sí que hay alternativas, como Juan Torres, Alberto Garzón y yo hemos documentado en el libro Hay alternativas.
Y el estado español podría dejar colapsar bancos en España (Bankia es un caso claro), estableciendo bancas públicas o subvencionando cooperativas de crédito que lo garanticen. El rescate financiero es una ayuda más a la banca y a las rentas superiores que son los mayores accionistas de tales bancos, sin que se garantice el crédito. Hoy el obstáculo mayor al ofrecimiento de crédito es la banca, cuyo poder en España es único en la UE y en la OCDE. Lo que ocurre con los desahucios es un escándalo sin paralelo en otros países.

Estos tres hechos ocurridos al final de septiembre son indicadores del enorme poder de una minoría que está consiguiendo lo que siempre desearon: la destrucción de los sindicatos, la eliminación de la protección social, la bajada de salarios y la desaparición del estado del bienestar.

Permítanme que añada otro hecho digno de mención. El cuarto hecho: las movilizaciones del movimiento 15-M y otros movimientos para denunciar al Congreso, en Madrid. Fue sabio de este movimiento renunciar a la ocupación del congreso. Pero fue digno de ser aplaudido que intentaran denunciar lo que estaba ocurriendo dentro de él, pues los otros tres hechos son un indicador de la violación a la democracia que está ocurriendo en España. Ninguna de tales políticas traducidas en aquellos tres hechos tiene un mandato popular. Hoy, la mayoría del Congreso es un instrumento que claramente ni representa ni está al servicio de la mayoría de la población española. Sus políticas no han sido aprobadas por la ciudadanía española. No son los que se manifiestan los que están atacando a la democracia sino los que están dentro (refiriéndome a los partidos que están aprobando tales políticas sin mandato popular) que están violando la democracia.

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miércoles, 25 de abril de 2012

El Congreso permite que más de la mitad de los diputados compatibilicen su escaño con otras actividades

FOTO: El Hemiciclo del Congreso de los Diputados
El Pleno del Congreso ha aprobado el dictamen por el que más de la mitad de sus señorías pueden compatibilizar su escaño con actividades que nada que tienen que ver con su labor parlamentaria. Solo se han puesto trabas a Iñaki Antigüedad (Amaiur) y a Toni Cantó (UPyD). Una amplia mayoría compatibiliza el escaño con cargos como alcalde o concejal.

El Pleno del Congreso de los Diputados ha aprobado este miércoles el dictamen de la Comisión del Estatuto del Diputado por el que más de 150 parlamentarios podrán compatibilizar su escaño con actividades extraparlamentarias como tertulias en medios de comunicación, labores docentes, trabajos en despachos de abogados o con cargos en ayuntamientos y otros entes locales.
El dictamen, al que ha tenido acceso lainformacion.com, ha sido aprobado por 276 votos a favor, 36 abstenciones y un voto en contra. Una vez aprobado hoy desde la web del Congreso se podrán consultar la declaración de actividades extraparlamentarias de cada diputado.

Esta publicación llega con cuatro meses de retraso, ya que desde la pasada legislatura sus señorías tienen que dar a conocer su patrimonio y sus actividades 'extra'. Todo ello antes era secreto.
Solo 56 diputados no declaran ningún tipo de actividad extra, entre los que se encuentran varios cargos socialistas como Alfredo Pérez Rubalcaba, líder del PSOE, y su 'número dos' Elena Valenciano o la diputada por Valencia y exministra Leire Pajín. Otros simplemente dan conocimiento de sus actividades privadas que ya no ejercen.
Los dos únicos diputados a los que se les ha puesto alguna traba en sus actividades extraparlamentarias son Iñaki Antigüedad, de Amaiur, y Toni Cantó, de UPyD.
Antigüedad ya anunció la semana pasada que debaja su puesto en el Congreso después de que no se le permitiera compatibilizar su actividad docente en la Universidad del País Vasco con el escaño de diputado.
Toni Cantó  no podrá recibir remuneración del sector público ni incurrir en las incompatibilidades expresamente recogidas en la Loreg, ni menoscabar su dedicación absoluta al escaño, informa Servimedia. Lo que sí se le autoriza a seguir como director administrador de la sociedad Mariatonianos S.L.
¿Dedicación exclusiva?
Aunque la  Ley Electoral establece que la labor parlamentaria requiere dedicación absoluta, pero establece una serie de excepciones como la actividad docente, la literaria o ocupar cargos en órganos de administración de entes pública.

Además, indica que "no podrán desempeñar ninguna actividad pública o privada ni percibir retribución alguna con cargo a los presupuestos públicos"
Se ha dado el visto bueno a que más de 60 diputados compaginen su escaño con alcaldías y concejalías. La ley no impide este hecho siempre y cuando se renuncie a uno de los dos sueldos públicos.
Todos ellos han renunciado a sus sueldos municipales, pero no a las dietas por asistencia a plenos. Entre los diputados que también son alcaldes están los 'populares' Teófila Martínez (Cádiz), Rosa Romero (Ciudad Real); los nacionalistas de CiU Marc Solsona (Mollerusa) y Carles Páramo (Roses), y el socialista valenciano Ximo Puig (Morella), recién elegido líder del PSOE valenciano.

También hay un amplio número de concejales y varios diputados provinciales, incluido un presidente de Diputación Provincial, como Arturo García Tizón, de Toledo.
A todos ellos, el Congreso les paga su nómina mensual (a las que hay que sumar las dietas por asistencia a plenos) salvo dos excepciones. el alcalde de Roses, Carles Páramo (CiU), y una concejala del PP en Madrid, Eva Duran, que han optado por el salario municipal.

Sueldos de exministros y diputados
También se permite a varios exministros compatibilizar su sueldo diputado -que como mínimo es de 2.800 euros al mes- con la indeminización que reciben los exaltos cargos del Estado.

Así ex exministros como José Blanco, Ramón Jáuregui, Francisco Caamaño, Rosa Aguilar o Trinidad Jimenez podrán compatibilizar el sueldo de diputado con la indemnización que reciben expresidentes, exministros y exsecretarios de Estado. Todos ellos reciben el 80% de su último sueldo anual durante dos años. La nómina de un ministro ronda los 70.000 euros.
Abogados, empresarios y profesores
También se ha dado el visto bueno a que varios diputados puedan compatibilizar su escaños con la actividad de diputados. Éste es el caso de miembros del PP como Federico Trillo, Ignacio Astarloa o Miguel Ángel Cortés, entre otros; y de Julio Villarrubia en el PSOE y Mercè Pigem, de CiU.

Aunque a Antigüedad se le ha impedido continuar con su labor docente en la Universidad, hay a otros que sí se les permite porque lo realizan a tiempo parcial o porque participan en cursos, seminarios y conferencias. Algunos de ellos no reciben ningún tipo de retribución.

En este caso están la líder de UPyD Rosa Díez, los exministros Fátima BáñezAna Mato y Carlos Montoro o los también populares Juan Carlos Aparicio, Carlos Aragonés, entre otros.

En el PSOE la labor docente también la realizan Francisco Caamaño, Consuelo Rumí, Ángeles Álvarez y Eduardo Madina.
Diputada periodista
La labor literaria es otra de las actividades que llevan a cabo buena parte de sus señorías, además de las tertulias en medios de comunicación si bien los diputados no cobran por ello salvo los gastos de traslado en algunos casos.
Una diputada de UPyD, Irene Lozano, declara realizar "periodismo free-lance, autónomo en Seguridad Social" para medios privados como El País, el Grupo Cocento, la SER y Veo TV entre otros además de "colaboraciones ocasionales" con medios públicos, como Telemadrid. La Comisión le permite estas actividades siempre que no cobre ningún sueldo público y no entorpezca su labor como diputada.
También hay un amplio número de diputados con participaciones en sociedades empresariales, fundaciones y cargos de partido.

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lunes, 23 de abril de 2012

El suicidio económico de Europa


La austeridad fiscal que promueve Alemania está ahogando a sus socios europeos


La semana pasada, The New York Times informaba de un fenómeno que parece extenderse cada vez más en Europa: los suicidios “por la crisis económica” de gente que se quita la vida desesperada por el desempleo y las quiebras de las empresas. Era una historia desgarradora, pero estoy seguro de que yo no era el único lector, especialmente entre los economistas, que se preguntaba si la historia principal no será tanto la de las personas como la de la aparente determinación de los líderes europeos de cometer un suicidio económico para el continente en su conjunto.
Hace solo unos meses albergaba algo de esperanza respecto a Europa. Es posible que recuerden que a finales del pasado otoño Europa parecía estar al borde de la crisis financiera, pero el Banco Central Europeo, homólogo europeo de la Reserva Federal estadounidense, acudió al rescate. Ofreció a los bancos europeos unas líneas de crédito indefinidas siempre que presentaran bonos de los Gobiernos europeos como garantía, lo que ayudó directamente a los bancos e indirectamente a los Gobiernos, y puso fin al pánico.
La cuestión por aquel entonces era saber si esta acción valiente y eficaz sería el inicio de un replanteamiento más amplio, y si los líderes europeos usarían el oxígeno que el banco había insuflado para reconsiderar las políticas que llevaron las cosas a un punto crítico en primer lugar.
Pero no lo hicieron. En vez de eso, persistieron en sus políticas y en sus ideas que no dieron resultados. Y cada vez resulta más difícil creer que algo les hará rectificar el rumbo.
Ya no se puede hablar de recesión; España se encuentra en una depresión en toda regla
Piensen en la situación en España, que actualmente es el epicentro de la crisis. Ya no se puede hablar de recesión; España se encuentra en una depresión en toda regla, con una tasa de desempleo total del 23,6%, comparable a la de EE UU en el peor momento de la Gran Depresión, y con una tasa de paro juvenil de más del 50%. Esto no puede seguir así, y el hecho de haber caído en la cuenta de ello es lo que está incrementando cada vez más los costes de financiación españoles.
En cierta forma, no importa realmente cómo ha llegado España a este punto, pero por si sirve de algo, la historia española no se parece en nada a las historias moralistas tan populares entre las autoridades europeas, especialmente en Alemania. España no era derrochadora desde un punto de vista fiscal; en los albores de la crisis tenía una deuda baja y superávit presupuestario. Desgraciadamente, también tenía una enorme burbuja inmobiliaria, que fue posible en gran medida gracias a los grandes préstamos de los bancos alemanes a sus homólogos españoles. Cuando la burbuja estalló, la economía española fue abandonada a su suerte. Los problemas fiscales españoles son una consecuencia de su depresión, no su causa.
Sin embargo, la receta que procede de Berlín y de Fráncfort es, lo han adivinado, una austeridad fiscal aún mayor.
Esto es, hablando sin rodeos, descabellado. Europa ha tenido varios años de experiencia con programas de austeridad rigurosos, y los resultados son exactamente lo que los estudiantes de historia les dirían que pasaría: semejantes programas sumen a las economías deprimidas en una depresión aún más profunda. Y como los inversores miran el estado de la economía de un país a la hora de valorar su capacidad de pagar la deuda, los programas de austeridad ni siquiera han funcionado como forma de reducir los costes de financiación.
Lo que es realmente inconcebible es mantener el rumbo actual e imponer una austeridad cada vez más rigurosa
¿Cuál es la alternativa? Bien, en la década de 1930 —una época cuyos detalles la Europa moderna está empezando a reproducir de forma cada vez más fiel— el requisito fundamental para la recuperación fue una salida del patrón oro. La medida equivalente ahora sería una salida del euro, y el restablecimiento de las monedas nacionales. Pueden decir que esto es inconcebible, y que sin duda alguna sería enormemente perjudicial tanto económica como políticamente. Pero lo que es realmente inconcebible es mantener el rumbo actual e imponer una austeridad cada vez más rigurosa a países que ya están sufriendo un desempleo de la época de la Depresión.
Por eso, si los líderes europeos quisieran realmente salvar al euro estarían buscando un rumbo alternativo. Y la forma de dicha alternativa es en realidad bastante clara. Europa necesita más políticas monetarias expansionistas, en forma de buena disposición —una buena disposición anunciada— por parte del Banco Central Europeo para aceptar una inflación algo más elevada; necesita más políticas fiscales expansionistas, en forma de presupuestos en Alemania que contrarresten la austeridad en España y en otros países en apuros de la periferia europea, en vez de reforzarla. Incluso con esas políticas, los países periféricos se enfrentarían a años de tiempos difíciles, pero al menos existiría alguna esperanza de recuperación.
Sin embargo, lo que estamos viendo en realidad es una falta de flexibilidad absoluta. En marzo, los líderes europeos firmaron un pacto fiscal que establece de hecho la austeridad fiscal como respuesta ante todos y cada uno de los problemas. Mientras tanto, los principales directivos del banco central insisten en recalcar la voluntad del banco de aumentar los tipos a la más mínima señal de una inflación más elevada.
Por eso resulta difícil evitar una sensación de desesperación. En vez de admitir que han estado equivocados, los líderes europeos parecen decididos a tirar su economía —y su sociedad— por un precipicio. Y el mundo entero pagará por ello.
Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008, es catedrático de la Universidad de Princeton.
Traducción de News Clips.
© 2012 New York Times News Service

sábado, 21 de abril de 2012

La austeridad prometida por Rajoy: un 46,43% más de asesores y un 27,6% más de cargos nombrados ‘a dedo’


La ‘trampa’ de Moncloa para no aumentar el gasto consistió en trasladar a un 
15,7% de funcionarios
La austeridad prometida por Rajoy: un 46,43% 
más de asesores y un 27,6% más de cargos 
nombrados ‘a dedo’

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, junto a la secretaria general del PP y presidenta castellano-manchega, María Dolores de Cospedal. EFE/Archivo
En agosto pasado, la ‘número dos’ del PP, María Dolores de Cospedal, acusó a Zapatero 
de tener cerca de 600 asesores con un gasto de 550 millones de euros para mostrar el derroche 
del Ejecutivo socialista. Este lo desmintió y precisó que el expresidente tenía solo 55 asesores y
que la dirigente ‘popular’ había incluido el dato sobre todo el complejo de La Moncloa. Hoy 
conocemos que Mariano Rajoy, a pesar de sus promesas de austeridad y adelgazamiento de 
la Administración, ha aumentado el número de asesores y personal nombrado a dedo.

Según la comparación de los gastos de personal adscritos a la Presidencia del Gobierno de los Presupuestos Generales del Estado de 2011 y 2012, a los que ha tenido acceso El Mundo, Rajoy ha incrementado en un 27,6% el personal nombrado a dedo y en un 46,43% el de asesores. El actual presidente del Gobierno mantiene, además, el mismo número de personas en La Moncloa que su antecesor: 632. Para ser exactos, una menos que los que había en tiempos de Zapatero.
Un recorte que no es real
Hay un recorte de 559.000 euros con respecto al Presupuesto de 2011, pasando de 28,1 millones de euros a 27,5 millones pero, según la citada fuente, esto no supone ningún ahorro. La Presidencia del Gobierno ha prescindido este año del 15,77% de la plantilla de funcionarios, pero estos habrían sido trasladados a otros organismos de la Administración central y puede haber alguna jubilación. De ahí que no sea real la supuesta disminución de funcionarios que se desprende de la comparación de los Presupuestos de 2011 y 2012 que se cuantifica en 2,2 millones de euros.
De 56 a 82 cargos
El presidente del Gobierno ha aumentado de manera significativa los cargos designados a dedo, personas ajenas a la Administración que tienen el estatus de personal de confianza, mientras ha reducido el número de funcionarios adscritos a la Presidencia: 53 de 336. Rajoy ha aumentado en un 46,43% estos cargos eventuales, de los 56 colaboradores que tenía Zapatero a los 82 que tiene el actual presidente.
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